jueves, agosto 24, 2006

¡PRISA NO!

He puesto este simpático título para que entre en el blog algún que otro simpatizante del PP y antisimpatizante de Polanko despistado vía Google; pero el post de hoy no tiene nada que ver con El País, la SER o Radio OLÉ; sino con la prisa, es decir con la velocidad.
¿Porqué nuestra obsesión con la velocidad?
Hace no tantos años pocas familias tenían un coche, y mucho menos dos; el sistema de carreteras nacionales (en este país todo era de los nacionales) y la mecánica y tecnología de los coches hacían que 80 KMH fuera una velocidad de vértigo vertiginoso. No sólo eso, sino que estuve aún unos cuantos años viendo circular por el pueblo carros tirados por burros o caballos y se podía jugar a la pelota en la calle. ¡Coño, de eso hace 30 años, no es tanto tiempo! sobretodo teniendo en cuenta que el homo sapiens ha tardado 35.000 años en tener coche con motor de explosión desde que lo empezó a fabricar inventando la rueda.

A ver, la cuestión es: en este país no hace tanto la gente se movía a velocidades muy distintas a las actuales, y no sólo por carretera; incluso se andaba más despacio; antes la gente paseaba; ahora la gente va a algún sitio; y si pasean lo llaman ejercicio.

Así pues el problema de las prisas no es sólo de circulación automovilística; hemos perdido la paciencia; comemos deprisa, andamos como marchadores olímpicos con una guindilla en el culo y cada vez hay más negocios con el angloprefijo fast (bueno, y el tecnosufijo Net) o las dietas para adelgazar 15 kilos en 15 minutos; además, las prisas hacen que la gente se enfrente y compita por ver es quien es el que hace lo que sea más rápido que los demás.Y hay recordmans para todo, no sólo en el deporte o la carretera; y muchos son españoles; como César Vidal, que tiene el increíble record de 16 libros publicados en el 2005; o Fernando Alonso, que se ha propuesto hartarnos de su cara en el menor tiempo posible.



El culpable de todo esto probablemente sea el concepto de usabilidad del tiempo que nos están inculcando desde la revolución industrial; es ese concepto el que nos hace querer hacer algo a cada instante en lugar de vivirlo; es lo que hace que no nos demos cuenta de cómo estamos de veras perdiendo miserablemente el tiempo que hayan de durar nuestras vidas trabajando o viendo la TV porque pensamos que estamos haciendo algo; y todo para llegar un día a un nicho o un horno crematorio con la sensación del tiempo bien aprovechado; y el entierro haga usté el favor de oficiarlo rapidito, que tengo que llevar los niños a judo.

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2 comentarios:

Rosenrod dijo...

¡¡¡Dios santo!!!

¡Qué estrés de post!

Crunch dijo...

Pues no pude darle el acabado que quería por culpa de las prisas. Paradójico ¿eh?